|
en La Fabricación de la locura Págs. 305-308 THOMAS SZASZ EL PÁJARO PINTADO " Para el hombre de criterio, estar solo y estar equivocado es una misma y única cosa..." Jean Paul Sartre.
El tema que da unidad a este libro que a lo largo de los capítulos va enlazando una gran variedad de temas aparentemente diversos que en él se exponen es la idea de la víctima propiciatoria y su función en el metabolismo moral de la sociedad. En particular he intentado mostrar que el hombre social teme al Otro e intenta destruirlo; pero que paradójicamente necesita a este Otro y, si es necesario, lo crea, para que al invalidarlo como malo- pueda confirmarse a sí mismo como bueno. Estas ideas son transmitidas con habilidad artística consumada por Jerzy Kosinski en su extraordinario libro «El Pájaro Pintado». El título alude a este mismo tema: El Pájaro Pintado es el símbolo del Otro perseguido, de «El Hombre Manchado». La historia es un cuento desazonador que nos narra lo que le sucede a un muchacho de seis años «de una gran ciudad de la Europa oriental (que) durante las primeras semanas de la Segunda Guerra Mundial... fue enviado por sus padres, al igual que miles de otros niños, a una aldea distante en busca de seguridad». Para proteger a su hijo de las ruinas de la guerra en la capital; sus padres, pertenecientes a la clase media, lo confían al cuidado de una mujer campesina. Al cabo de dos meses de su llegada, ésta muere. Los padres no lo saben y el niño no tiene medios a su alcance para ponerse en contacto con ellos. Se encuentra a la deriva en un océano de humanidad a veces indiferente, a menudo hostil y pocas veces protectora. Durante sus peregrinaciones a través de la campiña de la destrozada Polonia, el niño vive durante cierto tiempo bajo la protección de Lekh, joven de recia complexión, solitario pero honrado, que se gana la vida como trampero. Es este episodio el que de modo tan conmovedor expresa el tema de que para la tribu el Otro es un extraño peligroso, el miembro de una especie hostil que debe ser destruida. Lekh ama a una mujer, Ludmila, con la que sostiene apasionadas relaciones sexuales. Ludmila había sido violada cuando era una niña adolescente y en el momento en que la encontramos, está loca de deseo sexual. Los granjeros la llaman «la estúpida Ludmila». El episodio que nos interesa acontece tras un período de separación entre Lekh y Ludmila. Lo transcribiré íntegro. «A veces pasaban los días y la Estúpida Ludmila no aparecía por el bosque. Entonces Lekh se sentía poseído por una rabia sorda. Contemplaba solamente a los pájaros enjaulados, murmurando algo para sí. Por fin, tras prolongado examen, escogía el pájaro más fuerte, lo ataba a su muñeca y preparaba pinturas malolientes de diversos colores, que él componía a partir de los más variados elementos. Cuando los colores le satisfacían, ponía el pájaro boca arriba y pintaba sus alas, cabeza y pecho con los colores del arcoiris, hasta que quedaba más vívido y moteado que un ramillete de flores silvestres. Después, nos adentrábamos en la espesura. Una vez allí, Lekh cogía el pájaro pintado y me mandaba sujetarlo con mis manos presionándolo ligeramente. El ave empezaba a gorjear y a llamar a una bandada de su misma especie, que volaba nerviosamente sobre nuestra cabezas. Nuestro prisionero, al oírlos, luchaba por ir hacia ellos, cantando más fuertemente y con el corazón batiendo violentamente encerrado en su pecho recién pintado. Una vez reunido un número suficiente de pájaros sobre nuestras cabezas, Lekh me hacía una señal para que soltara al prisionero. Este se remontaba libre y feliz, como una mancha de arcoiris destacando sobre el fondo de nubes y se zambullía entre la banda que le estaba esperando. Durante unos instantes, los pájaros permanecían confundidos. El pájaro pintado daba vueltas de un extremo al otro de la bandada, intentando convencer a su tribu de que era uno de ellos. Pero, desconcertados por sus brillantes colores, volaban a su alrededor sin convencerse. El pájaro pintado era rechazado cada vez más lejos, a pesar de sus intentos de penetrar en las filas de sus congéneres. Poco después veíamos cómo uno tras otro los pájaros se lanzaban a un ataque encarnizado. Muy pronto aquella forma de mil colores desaparecía del cielo y caía sobre la tierra. Estos incidentes sucedían a menudo. Cuando finalmente encontrábamos los pájaros pintados, solían estar muertos. Lekh examinaba atentamente el número de heridas que habían recibido. La sangre fluía por sus alas coloreadas, diluyendo la pintura y manchando las manos de Lekh. Sin embargo, la Estúpida Ludmila no regresa. Para desahogar su cólera frustrada, Lekh prepara otro sacrificio. Veamos cómo lo describe Kosinski: «Cierto día atrapó un enorme cuervo, cuyas alas pintó de rojo, el pecho de verde y la cola de azul. Cuando apareció sobre nuestra cabaña una bandada de cuervos, Lekh liberó al pájaro pintado. Tan pronto como se unió a sus compañeros, dio comienzo una batalla desesperada. El ave transformada se vio atacada por todos lados. Plumas negras, rojas, verdes y azules empezaron a caer a nuestros pies. Los cuervos revoloteaban frenéticos en el cielo y repentinamente el cuervo pintado vivo, abría el pico e intentaba en vano mover sus alas. Sus ojos le habían sido arrancados a picotazos sobre sus plumas pintadas manaba sangre fresca. Hizo un nuevo intento por levantarse de la tierra pegajosa, pero ya no le quedaban fuerzas.» El Pájaro Pintado es el símbolo perfecto del Otro, del Extraño, de la Víctima Propiciatoria. Con maestría inimitable, Kosinski nos muestra las dos caras del fenómeno: si el Otro se diferencia de los miembros del rebaño, es arrojado fuera del grupo destruido; si es igual a ellos, interviene el hombre y le hace aparecer distinto, a fin de que pueda ser expulsado y destruido. Del mismo modo que Lekh pinta a su cuervo; los psiquiatras cambian el color de sus pacientes y la sociedad, globalmente considerada, manchada, a sus ciudadanos. Esta es la gran tragedia de la discriminación, de la invalidación y de la creación de víctimas propiciatorias. El hombre busca, crea e imputa diferencias para alienar mejor al Otro. Al expulsar al Otro, el Hombre Justo se enaltece a sí mismo y desahoga su ira frustrada de una manera que sus semejantes aprueban. Para el hombre, animal de rebaño, igual que para sus antepasados no-humanos, la seguridad radica en la similitud. Por esto la conformidad es buena y la divergencia es mala. Emerson lo comprendió muy bien. «En todas partes la sociedad conspira contra la virilidad de cada uno de sus miembros» advirtió, «La virtud, la mayor parte de las veces, es conformidad. La autoconfianza es su contrario.» Quienquiera que aprecie la libertad individual, la diversidad humana y el respeto a las personas, no puede evitar sentir desaliento ante tal espectáculo. Para quien crea, como yo, que el médico debería ser un protector del individuo, hasta cuando éste entra en conflicto con la sociedad, resulta especialmente descorazonador que, en nuestros días, el pintar pájaros se haya convertido en una actividad médica aceptada y que, entre los colores utilizados, los diagnósticos psiquiátricos sean los que están más de moda. THOMAS SZASZ
Sin querer ha llegado a mis manos, el vuelo de los Pájaros Pintados, lo verdadero está más allá de lo que se ve, de lo que se huele, de lo que se toca, de lo que se escucha, cáscaras apenas de lo subyacente y esencial, lo esencial está ligado a lo afectivo. Tabarez |